/ domingo 14 de enero de 2024

Destellos de la India nos deslumbraron

Con mis hijas recién conocimos lugares de la India. La experiencia de viaje común más impresionante, fantástica, hasta hoy, me dicen ellas.

En última semana del 2023 y primera del 2024, vivimos, sentimos un espacio lleno de tesoros y culturas extrañas. Inmenso país, el más poblado del globo (mil 400 millones de habitantes). Al norte, el Himalaya; al sur, el Océano Índico; al oeste, el mar Arábigo, y al este el Golfo de Bengala. Una complejidad étnica, religiosa, histórica, política, nacional. Con mitos, ritos, éticas, templos, palacios, difícil de comprender en un viaje breve. Además del hindi, tienen 15 idiomas oficiales, junto con el inglés, y decenas de dialectos hablados en su polifacética federación.

Las imágenes primeras, al salir del aeropuerto de Delhi, esperadas: las de una “anarquía funcional”. El caos de tráficos de peatones, carretas de animales, bicicletas, motocicletas, autos y autobuses, es espeluznante –vimos algo similar antes en El Cairo-. No respetan semáforos ni unos ni otros, ni el sentido de calles y carreteras; pero avanzan y llegan. Se dice que como la mayoría de los indios creen en la reencarnación -más vidas después de la muerte- transitan en ese caos, resueltos, sin dudas. Imaginarán otra vida mejor. Yo, con las canas de punta, prefería no ver cómo nos conducía el chofer.

Casi el 80% practica el hinduismo, única religión politeísta viva (veneran más de 30 millones de divinidades y criaturas sagradas, siendo las principales tres: Brahma, el creador; Vishnú, el protector, y Shiva, el destructor. Su ética exige autocontrol, compasión, tolerancia, creer en la reencarnación; algunos avalan el sistema de castas). El Islam, un 15%; el cristianismo, 2.5%; seguidos del sijismo, budismo, jainismo y zoroastrismo. El 90.5% son creyentes. Proyectan su misticismo y espiritualidad, en templos e imágenes en todas partes. Del Kamasutra, libro hindú, encargo real, referencias sexuales explícitas.

Imagen visual asombrosa es la de las vacas: transitan tranquilas por todos lados: en medio de calles, carreteras, mercados o jardines. La vaca es sagrada (como la mayoría de los animales o ríos a quienes también veneran). Su leche ha sido su principal fuente nutritiva y sostén de su economía, en más de una manera. Al dejar de dar leche se abandonan en las calles, pero hindúes no las dejan de alimentar. Llevarlas al rastro es pecado. La multi-religiosidad india, incluyendo cristianos, venera cientos de millones de seres. Esto contiene un lado amable: su disposición a proteger y cuidar todo ser vivo, y en general, a toda la naturaleza. Los indios son en su mayoría vegetarianos, dado que la carne vacuna está fuera de sus dietas. Esto explica la inmensa cantidad y calidad de especies que cultivan y consumen en sus alimentos. Todos los días disfrutamos vasta comida con múltiples especies deliciosas. Pude pedir sólo pollo, pescado o cordero en cárnicos. Y muy barato. Sus especies, apreciadas siglos atrás (comercio de antes de Alejandro Magno, luego por musulmanes, Marco Polo, portugueses, británicos) explican buena nutrición de los indios.

De Delhi, por tren, al Fuerte Agra y al Baby Taj. Deslumbra maravilla del mausoleo del Taj Mahal. En Jaipur subimos, en elefantes, al Amber Fort -no había otra forma ese día-. En Udaipur, ciudad de lagos, hospedados en palacio. Volamos a Varanasi, al lado del río Ganges. Emoción mística de cremación de cientos de cuerpos diario. Ofrenda al cosmos de cenizas. Deslicé la mía en el río, por mi hermano Paco. Rumbo al sur, el aeropuerto de Bengaluru, el más hermoso: una selva dentro. En Kochi, Kelara, frente al mar Arábigo, iniciamos 2024. En barcaza recorrimos lago Vembanad y canales. De Kumarakon a Thekkady: mis hijas gozaron plantaciones de té y de especies. ¡Enloquecieron comprando! Al parque Nacional Periyar entramos en barco. Los rostros más bellos, con sub-tonos azulados, los del sur. Subimos a Madurai, en Tamil Nabu: las torres del templo Meenakshi Devi, sublime expresión politeísta. En regreso a Delhi, en parte vieja, la mezquita más grande de la India y templo de siks; el Fuerte Rojo. Nuestra plegaria donde asesinaron y después cremaron a Gandhi. De activos democráticos de la India habrá que hablar.


Analista político y extitular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública

@jalcants

Con mis hijas recién conocimos lugares de la India. La experiencia de viaje común más impresionante, fantástica, hasta hoy, me dicen ellas.

En última semana del 2023 y primera del 2024, vivimos, sentimos un espacio lleno de tesoros y culturas extrañas. Inmenso país, el más poblado del globo (mil 400 millones de habitantes). Al norte, el Himalaya; al sur, el Océano Índico; al oeste, el mar Arábigo, y al este el Golfo de Bengala. Una complejidad étnica, religiosa, histórica, política, nacional. Con mitos, ritos, éticas, templos, palacios, difícil de comprender en un viaje breve. Además del hindi, tienen 15 idiomas oficiales, junto con el inglés, y decenas de dialectos hablados en su polifacética federación.

Las imágenes primeras, al salir del aeropuerto de Delhi, esperadas: las de una “anarquía funcional”. El caos de tráficos de peatones, carretas de animales, bicicletas, motocicletas, autos y autobuses, es espeluznante –vimos algo similar antes en El Cairo-. No respetan semáforos ni unos ni otros, ni el sentido de calles y carreteras; pero avanzan y llegan. Se dice que como la mayoría de los indios creen en la reencarnación -más vidas después de la muerte- transitan en ese caos, resueltos, sin dudas. Imaginarán otra vida mejor. Yo, con las canas de punta, prefería no ver cómo nos conducía el chofer.

Casi el 80% practica el hinduismo, única religión politeísta viva (veneran más de 30 millones de divinidades y criaturas sagradas, siendo las principales tres: Brahma, el creador; Vishnú, el protector, y Shiva, el destructor. Su ética exige autocontrol, compasión, tolerancia, creer en la reencarnación; algunos avalan el sistema de castas). El Islam, un 15%; el cristianismo, 2.5%; seguidos del sijismo, budismo, jainismo y zoroastrismo. El 90.5% son creyentes. Proyectan su misticismo y espiritualidad, en templos e imágenes en todas partes. Del Kamasutra, libro hindú, encargo real, referencias sexuales explícitas.

Imagen visual asombrosa es la de las vacas: transitan tranquilas por todos lados: en medio de calles, carreteras, mercados o jardines. La vaca es sagrada (como la mayoría de los animales o ríos a quienes también veneran). Su leche ha sido su principal fuente nutritiva y sostén de su economía, en más de una manera. Al dejar de dar leche se abandonan en las calles, pero hindúes no las dejan de alimentar. Llevarlas al rastro es pecado. La multi-religiosidad india, incluyendo cristianos, venera cientos de millones de seres. Esto contiene un lado amable: su disposición a proteger y cuidar todo ser vivo, y en general, a toda la naturaleza. Los indios son en su mayoría vegetarianos, dado que la carne vacuna está fuera de sus dietas. Esto explica la inmensa cantidad y calidad de especies que cultivan y consumen en sus alimentos. Todos los días disfrutamos vasta comida con múltiples especies deliciosas. Pude pedir sólo pollo, pescado o cordero en cárnicos. Y muy barato. Sus especies, apreciadas siglos atrás (comercio de antes de Alejandro Magno, luego por musulmanes, Marco Polo, portugueses, británicos) explican buena nutrición de los indios.

De Delhi, por tren, al Fuerte Agra y al Baby Taj. Deslumbra maravilla del mausoleo del Taj Mahal. En Jaipur subimos, en elefantes, al Amber Fort -no había otra forma ese día-. En Udaipur, ciudad de lagos, hospedados en palacio. Volamos a Varanasi, al lado del río Ganges. Emoción mística de cremación de cientos de cuerpos diario. Ofrenda al cosmos de cenizas. Deslicé la mía en el río, por mi hermano Paco. Rumbo al sur, el aeropuerto de Bengaluru, el más hermoso: una selva dentro. En Kochi, Kelara, frente al mar Arábigo, iniciamos 2024. En barcaza recorrimos lago Vembanad y canales. De Kumarakon a Thekkady: mis hijas gozaron plantaciones de té y de especies. ¡Enloquecieron comprando! Al parque Nacional Periyar entramos en barco. Los rostros más bellos, con sub-tonos azulados, los del sur. Subimos a Madurai, en Tamil Nabu: las torres del templo Meenakshi Devi, sublime expresión politeísta. En regreso a Delhi, en parte vieja, la mezquita más grande de la India y templo de siks; el Fuerte Rojo. Nuestra plegaria donde asesinaron y después cremaron a Gandhi. De activos democráticos de la India habrá que hablar.


Analista político y extitular del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública

@jalcants