/ sábado 13 de abril de 2024

César Olguín recorre más de un siglo del tango en México

Con entrevistas, investigaciones y anécdotas personales, el bandoneonista César Olguín relata 125 años de la historia del tango en nuestro país en un libro que presenta hoy en Bellas Artes

El maestro César Olguín tiene en la parte superior de su casa un pequeño estudio con un amplio ventanal que alumbra sus tardes. La luz da un perfil melancólico a sus colecciones de partituras, discos, libros, reconocimientos, corchos y decenas de figurillas de músicos que, como él, tocan eternamente el bandoneón.

Es el ambiente propicio para el género que ha interpretado desde hace 45 años, cuando a finales de los 70 llegó desde su natal Argentina, “con el sueño en las manos” de vivir una aventura. Nunca creyó, a pesar de las señales, que habría de quedarse y volverse en testigo y figura de una parte esencial de la historia del tango en México.

“La vida es rara, extraña y misteriosa. No somos quiénes para entender si hay un destino o si uno lo hace. Pero, en lo que me ha transcurrido, México siempre ha estado ligado a mí. Yo toco un instrumento muy particular, que es de origen alemán y se le conoce en el mundo como un instrumento de música argentina o rioplatense, pero el primer tema que yo empecé a estudiar de chico, desde los ocho años, fue ‘Ella’, de José Alfredo Jiménez”, cuenta en entrevista con El Sol de México César Olguín, fundador de la Orquesta Mexicana de Tango.

Esa conexión está plasmada en su primer libro, “Aunque pase mucho tiempo. Tango en México”, armado con entrevistas, investigaciones bibliográficas y anécdotas propias, que relata gran parte de la presencia del tango en nuestro país los últimos 120 años.

“Desde principios del siglo XX habían aparecido los primeros tangos mexicanos, los primeros intérpretes y las primeras grabaciones. Estamos hablando de más de cien años de tango en México con algunos baches e interrupciones, pero con una vida siempre activa.

“Algunos me dicen que mi libro es una especie de historia, pero yo nunca me lo propuse así, porque la historia del tango aquí es frágil, con muchos agujeros negros. Yo mismo conocí y trabajé con muchos músicos de tango, que hoy no están físicamente, gente de la que no pude encontrar datos, ni familiares. En este libro traté de respaldar todo con información fehaciente sin hacer suposiciones”, explica el también promotor musical.

El libro menciona, entre otros datos esenciales, el registro de la primera grabación de tango realizada por mexicanos en 1904 y la vez que en 1908 Esperanza Iris, bailó tango en la inauguración del Teatro de la Ciudad, así como el avance de este género que se hizo popular entre letristas e intérpretes como Agustín Lara, Carlos de Nava “El Gardel mexicano”, Jorge Ledesma y más contemporáneos, como Javier Noyola, René Torres, Pablo Ahmad y el mismo César Olguín.

El libro también recompila datos poco conocidos, entrevistas y material gráfico de la presencia en México del compositor argentino Astor Piazolla, el creador del “nuevo tango” o “tango de vanguardia”, cuyos nietos son mexicanos.

UN GÉNERO MARGINAL

Olguín, quien cuenta con 28 discos editados, considera que el pulso del tango en México actualmente es difícil de medir. “Cuando me preguntan sobre la visión que tengo sobre el lugar que ocupa el tango en el público, nunca sé si contestar si es elitista o marginal. Ahora cada vez, por las particularidades que pasan nuestros países que relegan mucho la cultura, diría que es marginal, a pesar de que en los últimos años ha habido una proliferación de las milongas, que tienen un encanto y una parte sensual que llama la atención de jóvenes como viejos”.

Del posible parecido que puede haber entre el tango y la música mexicana, Olguín trae a recuerdo que el libro tiene por título un verso del famoso bolero “Júrame”, de la compositora mexicana María Grever, registrado en 1926 originalmente como un tango. Sobre esta coincidencia, afirma que hay varios ejemplos de canciones que tanto en la música rioplatense como mexicana han brincado de géneros, los cuales menciona en este libro: “Sombras nada más”, “El reloj”, “Sabrá Dios”, entre otras.

“Si uno le quita la parte rítmica y agarra las letras de una canción ranchera o mexicana tiene las mismas características del tango. Tal vez pinte un poco diferente el paisaje, porque el tango es totalmente citadino y la mexicana abarca una geografía más amplia. Pero al final todas hablan de los mismo, cosas que compartimos como humanos, como el dolor, el amor, la traición, la vida y la muerte”, finaliza.

“Aunque pase mucho tiempo”, se presenta este sábado, a las 18:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Acompañarán al autor el locutor Germán Palomares y el periodista musical Juan Arturo Brennan.

El maestro César Olguín tiene en la parte superior de su casa un pequeño estudio con un amplio ventanal que alumbra sus tardes. La luz da un perfil melancólico a sus colecciones de partituras, discos, libros, reconocimientos, corchos y decenas de figurillas de músicos que, como él, tocan eternamente el bandoneón.

Es el ambiente propicio para el género que ha interpretado desde hace 45 años, cuando a finales de los 70 llegó desde su natal Argentina, “con el sueño en las manos” de vivir una aventura. Nunca creyó, a pesar de las señales, que habría de quedarse y volverse en testigo y figura de una parte esencial de la historia del tango en México.

“La vida es rara, extraña y misteriosa. No somos quiénes para entender si hay un destino o si uno lo hace. Pero, en lo que me ha transcurrido, México siempre ha estado ligado a mí. Yo toco un instrumento muy particular, que es de origen alemán y se le conoce en el mundo como un instrumento de música argentina o rioplatense, pero el primer tema que yo empecé a estudiar de chico, desde los ocho años, fue ‘Ella’, de José Alfredo Jiménez”, cuenta en entrevista con El Sol de México César Olguín, fundador de la Orquesta Mexicana de Tango.

Esa conexión está plasmada en su primer libro, “Aunque pase mucho tiempo. Tango en México”, armado con entrevistas, investigaciones bibliográficas y anécdotas propias, que relata gran parte de la presencia del tango en nuestro país los últimos 120 años.

“Desde principios del siglo XX habían aparecido los primeros tangos mexicanos, los primeros intérpretes y las primeras grabaciones. Estamos hablando de más de cien años de tango en México con algunos baches e interrupciones, pero con una vida siempre activa.

“Algunos me dicen que mi libro es una especie de historia, pero yo nunca me lo propuse así, porque la historia del tango aquí es frágil, con muchos agujeros negros. Yo mismo conocí y trabajé con muchos músicos de tango, que hoy no están físicamente, gente de la que no pude encontrar datos, ni familiares. En este libro traté de respaldar todo con información fehaciente sin hacer suposiciones”, explica el también promotor musical.

El libro menciona, entre otros datos esenciales, el registro de la primera grabación de tango realizada por mexicanos en 1904 y la vez que en 1908 Esperanza Iris, bailó tango en la inauguración del Teatro de la Ciudad, así como el avance de este género que se hizo popular entre letristas e intérpretes como Agustín Lara, Carlos de Nava “El Gardel mexicano”, Jorge Ledesma y más contemporáneos, como Javier Noyola, René Torres, Pablo Ahmad y el mismo César Olguín.

El libro también recompila datos poco conocidos, entrevistas y material gráfico de la presencia en México del compositor argentino Astor Piazolla, el creador del “nuevo tango” o “tango de vanguardia”, cuyos nietos son mexicanos.

UN GÉNERO MARGINAL

Olguín, quien cuenta con 28 discos editados, considera que el pulso del tango en México actualmente es difícil de medir. “Cuando me preguntan sobre la visión que tengo sobre el lugar que ocupa el tango en el público, nunca sé si contestar si es elitista o marginal. Ahora cada vez, por las particularidades que pasan nuestros países que relegan mucho la cultura, diría que es marginal, a pesar de que en los últimos años ha habido una proliferación de las milongas, que tienen un encanto y una parte sensual que llama la atención de jóvenes como viejos”.

Del posible parecido que puede haber entre el tango y la música mexicana, Olguín trae a recuerdo que el libro tiene por título un verso del famoso bolero “Júrame”, de la compositora mexicana María Grever, registrado en 1926 originalmente como un tango. Sobre esta coincidencia, afirma que hay varios ejemplos de canciones que tanto en la música rioplatense como mexicana han brincado de géneros, los cuales menciona en este libro: “Sombras nada más”, “El reloj”, “Sabrá Dios”, entre otras.

“Si uno le quita la parte rítmica y agarra las letras de una canción ranchera o mexicana tiene las mismas características del tango. Tal vez pinte un poco diferente el paisaje, porque el tango es totalmente citadino y la mexicana abarca una geografía más amplia. Pero al final todas hablan de los mismo, cosas que compartimos como humanos, como el dolor, el amor, la traición, la vida y la muerte”, finaliza.

“Aunque pase mucho tiempo”, se presenta este sábado, a las 18:00 horas, en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes. Acompañarán al autor el locutor Germán Palomares y el periodista musical Juan Arturo Brennan.

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