/ domingo 27 de enero de 2019

Frontera sur vive una crisis humanitaria

Con poca comida y agua, miles de migrantes esperan que el INM les extienda sus visas humanitarias

Chiapas.- Cientos de migrantes están varados en la frontera sur, algunos en espera de los permisos que les den el tránsito libre por México durante un año, otros sigilosos que la Policía Federal no los arreste por no contar con todos los papeles en regla que puedan darles la oportunidad de tramitar sus visas.

La situación es complicada y ha desatado una crisis humanitaria, señala Irineo Mujica, integrante de Pueblo Sin Fronteras, quien apunta que en un sentido estricto y a comparación de otras caravanas que han pasado por México, en esta ocasión la característica principal es que “la gente se está muriendo de hambre”.

En Guatemala y parte de México los migrantes que están varados no tienen nada qué comer, a veces sólo hacen una comida al día. Se les está dando permisos pero no la asistencia social que necesitan, están en condiciones precarias y hay muchos niños que están aguantando hambre.

El activista aseveró que grupos contrarios al movimiento migrante y la ayuda de defensores de derechos humanos, están haciendo una guerra sucia al señalar que Pueblo Sin Fronteras trafica con ciudadanos centroamericanos.

“Están haciendo acusaciones sin fundamentos, nosotros sólo damos asistencia a los hermanos migrantes, no traficamos con ellos, al contrario, les decimos cuáles son los riesgos que corren al pasar por México y les brindamos un poco de ayuda, un poco de comida y orientación”, dijo.

Los testimonios de la gente que espera obtener los permisos son crudos y reales. Octavio sobrevivió a la lluvia de balas que cayó sobre él y dos de sus compañeros cuando caminaban por las calles de Comayagua.

El atentado respondía a la negativa de incorporarse a la filas del crimen organizado en Honduras, que en repetidas ocasiones le ofreció “un mejor estilo de vida”.

Y es que Octavio tenía cualidades que podían ayudar al trasiego de droga y otros ilícitos. El exmilitar tenía la labor de detectar aviones de narcotraficantes e informar a sus superiores, pero el rotundo “no” a los criminales que intentaban enfilarlo en malas prácticas lo orillaron a huir de su país junto a su familia, antes que cualquiera de ellos amaneciera muerto.

Ahora duerme en una casa de campaña que tuvo que comprar en un mercado de Tapachula. Allí, en pleno parque central de la ciudad fronteriza, pasa la noche junto a sus dos pequeños hijos y su esposa, en espera que las autoridades mexicanas le otorguen la visa humanitaria.

Benjamín, un hombre de 56 años nativo de San Pedro Sula, Honduras, viajó junto a sus tres hijas y esposa.

Nicole, su nieta que viaja en brazos de su joven madre, no ha parado de llorar desde hace dos días y presenta un cuadro estomacal complicado. La diarrea no cesa y el vómito se presenta varias veces al día.

“No tenemos dinero, tengo a mi nieta enferma. Nos da miedo salir de aquí porque nos han dicho que afuera es peligroso para nosotros, así que hemos decidido que esperaremos aquí pero no tenemos nada para movernos. ¿Usted sabe quién pudiera regalarnos medicamentos o algo para comer y estar aquí?”, concluye.

Hasta ayer, el INM tenía registrados a 12 mil 524 centroamericanos con petición de visa humanitaria.

Chiapas.- Cientos de migrantes están varados en la frontera sur, algunos en espera de los permisos que les den el tránsito libre por México durante un año, otros sigilosos que la Policía Federal no los arreste por no contar con todos los papeles en regla que puedan darles la oportunidad de tramitar sus visas.

La situación es complicada y ha desatado una crisis humanitaria, señala Irineo Mujica, integrante de Pueblo Sin Fronteras, quien apunta que en un sentido estricto y a comparación de otras caravanas que han pasado por México, en esta ocasión la característica principal es que “la gente se está muriendo de hambre”.

En Guatemala y parte de México los migrantes que están varados no tienen nada qué comer, a veces sólo hacen una comida al día. Se les está dando permisos pero no la asistencia social que necesitan, están en condiciones precarias y hay muchos niños que están aguantando hambre.

El activista aseveró que grupos contrarios al movimiento migrante y la ayuda de defensores de derechos humanos, están haciendo una guerra sucia al señalar que Pueblo Sin Fronteras trafica con ciudadanos centroamericanos.

“Están haciendo acusaciones sin fundamentos, nosotros sólo damos asistencia a los hermanos migrantes, no traficamos con ellos, al contrario, les decimos cuáles son los riesgos que corren al pasar por México y les brindamos un poco de ayuda, un poco de comida y orientación”, dijo.

Los testimonios de la gente que espera obtener los permisos son crudos y reales. Octavio sobrevivió a la lluvia de balas que cayó sobre él y dos de sus compañeros cuando caminaban por las calles de Comayagua.

El atentado respondía a la negativa de incorporarse a la filas del crimen organizado en Honduras, que en repetidas ocasiones le ofreció “un mejor estilo de vida”.

Y es que Octavio tenía cualidades que podían ayudar al trasiego de droga y otros ilícitos. El exmilitar tenía la labor de detectar aviones de narcotraficantes e informar a sus superiores, pero el rotundo “no” a los criminales que intentaban enfilarlo en malas prácticas lo orillaron a huir de su país junto a su familia, antes que cualquiera de ellos amaneciera muerto.

Ahora duerme en una casa de campaña que tuvo que comprar en un mercado de Tapachula. Allí, en pleno parque central de la ciudad fronteriza, pasa la noche junto a sus dos pequeños hijos y su esposa, en espera que las autoridades mexicanas le otorguen la visa humanitaria.

Benjamín, un hombre de 56 años nativo de San Pedro Sula, Honduras, viajó junto a sus tres hijas y esposa.

Nicole, su nieta que viaja en brazos de su joven madre, no ha parado de llorar desde hace dos días y presenta un cuadro estomacal complicado. La diarrea no cesa y el vómito se presenta varias veces al día.

“No tenemos dinero, tengo a mi nieta enferma. Nos da miedo salir de aquí porque nos han dicho que afuera es peligroso para nosotros, así que hemos decidido que esperaremos aquí pero no tenemos nada para movernos. ¿Usted sabe quién pudiera regalarnos medicamentos o algo para comer y estar aquí?”, concluye.

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