/ domingo 22 de mayo de 2022

Es el tren una bestia peligrosa

La vida es un riesgo para los vecinos de camino a Santa Ana del Conde. Conoce la historia

León, Gto.- En el camino a Santa Ana del Conde, ahí donde atraviesan las vías del tren, la vida es un riesgo para los vecinos. Los vándalos todos los días ponen trabas sobre las vías, aunque el tamaño de la máquina y su velocidad siempre las hacen añicos. Cinco meses atrás no fue así. El tren se descarriló, la gente corría despavorida, “antes no nos mató”, platicó María Milagros en exclusiva a Organización Editorial Mexicana.

María vive en el Campamento de La Trinidad, la estación que fue clave en las Batallas de León en el marco de la Revolución Mexicana. A menos de cinco metros del muro de su casa, pasan las vías de Ferrocarriles Mexicanos. El sonido del tren ya lo conoce, lo escucha tres veces al día.

Aquel día de enero, cuando los vándalos lograron el descarrilamiento, el estruendo ensordeció a Milagros y su familia. La tierra cimbró y la nube de polvo que de manera inmediata invadió su patio, no era normal. Pero María no se alarmó, hasta que llegó su esposo, y le platicó lo sucedido.

“El ruido se escuchó desde lejos, tronaba muy feo, y allá adelante se detuvo. Ahí a la altura de los puestos de comida del cruce, todos los que estaban ahí salieron corriendo. Pero como siempre le ponen cosas sobre la vía, nosotros ni salimos. Seguido los vándalos ponen durmientes al tren, pero esta vez, nos platicó el maquinista, el durmiente era de concreto y estaba trancado, lo que hizo que el tren saltara de las vías”, platicó María.

El brinco del tren y la astucia del maquinista, apunta Milagros, le permitió mantener de pie el tren y gracias a la vía que existe para el cambio de ruta, él tren casi logró encarrilarse.

A pesar de que ya pasaron unos cinco meses, en la vía aún hay huellas de la “travesura” de jóvenes vecinos de las vías. Los durmientes de concreto, los que no se tronaron, aún tienen marca de las ruedas del tren, otros hechos pedazos reposan junto a la vía. En el lugar, los durmientes reemplazados se ven casi nuevos.

“Luego luego vinieron a reemplazarlos. El tren no puede pasar así. Pero aquí quienes reparan seguido vienen, siempre les roban las plaquitas rojas (las que fijan el riel al durmiente)”, platica la vecina.

La vecina relata que después del descarrilamiento, la Guardia Nacional y elementos del Ejército resguardaron el lugar por varios días. Buscaban a los responsables, pero no lo lograron. Lo único que hicieron fue delimitar La Trinidad con pilotes que pintaron de blanco y marcaron con letras que dicen: Propiedad Federal. Todos pueden cruzarlo.


Y es que no solo la vía es vandalizada, la vieja estación se ha convertido en refugio de malvivientes. Quienes además de desvalijar el lugar, también roban a los vecinos frecuentemente. María platica que se arma de valor y ella misma los corre del lugar.

A la estación de La Trinidad ya le robaron la malla ciclónica que la protegía. También se llevaron unas carretas que estaban dentro, y de los dos tanques que había, se llevaron el más grande. La señalética de la vieja estación desapareció, casi como la historia que guarda el lugar.

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La estación unos días fue cuartel de Francisco Villa y otros, de Álvaro Obregón.

León, Gto.- En el camino a Santa Ana del Conde, ahí donde atraviesan las vías del tren, la vida es un riesgo para los vecinos. Los vándalos todos los días ponen trabas sobre las vías, aunque el tamaño de la máquina y su velocidad siempre las hacen añicos. Cinco meses atrás no fue así. El tren se descarriló, la gente corría despavorida, “antes no nos mató”, platicó María Milagros en exclusiva a Organización Editorial Mexicana.

María vive en el Campamento de La Trinidad, la estación que fue clave en las Batallas de León en el marco de la Revolución Mexicana. A menos de cinco metros del muro de su casa, pasan las vías de Ferrocarriles Mexicanos. El sonido del tren ya lo conoce, lo escucha tres veces al día.

Aquel día de enero, cuando los vándalos lograron el descarrilamiento, el estruendo ensordeció a Milagros y su familia. La tierra cimbró y la nube de polvo que de manera inmediata invadió su patio, no era normal. Pero María no se alarmó, hasta que llegó su esposo, y le platicó lo sucedido.

“El ruido se escuchó desde lejos, tronaba muy feo, y allá adelante se detuvo. Ahí a la altura de los puestos de comida del cruce, todos los que estaban ahí salieron corriendo. Pero como siempre le ponen cosas sobre la vía, nosotros ni salimos. Seguido los vándalos ponen durmientes al tren, pero esta vez, nos platicó el maquinista, el durmiente era de concreto y estaba trancado, lo que hizo que el tren saltara de las vías”, platicó María.

El brinco del tren y la astucia del maquinista, apunta Milagros, le permitió mantener de pie el tren y gracias a la vía que existe para el cambio de ruta, él tren casi logró encarrilarse.

A pesar de que ya pasaron unos cinco meses, en la vía aún hay huellas de la “travesura” de jóvenes vecinos de las vías. Los durmientes de concreto, los que no se tronaron, aún tienen marca de las ruedas del tren, otros hechos pedazos reposan junto a la vía. En el lugar, los durmientes reemplazados se ven casi nuevos.

“Luego luego vinieron a reemplazarlos. El tren no puede pasar así. Pero aquí quienes reparan seguido vienen, siempre les roban las plaquitas rojas (las que fijan el riel al durmiente)”, platica la vecina.

La vecina relata que después del descarrilamiento, la Guardia Nacional y elementos del Ejército resguardaron el lugar por varios días. Buscaban a los responsables, pero no lo lograron. Lo único que hicieron fue delimitar La Trinidad con pilotes que pintaron de blanco y marcaron con letras que dicen: Propiedad Federal. Todos pueden cruzarlo.


Y es que no solo la vía es vandalizada, la vieja estación se ha convertido en refugio de malvivientes. Quienes además de desvalijar el lugar, también roban a los vecinos frecuentemente. María platica que se arma de valor y ella misma los corre del lugar.

A la estación de La Trinidad ya le robaron la malla ciclónica que la protegía. También se llevaron unas carretas que estaban dentro, y de los dos tanques que había, se llevaron el más grande. La señalética de la vieja estación desapareció, casi como la historia que guarda el lugar.

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La estación unos días fue cuartel de Francisco Villa y otros, de Álvaro Obregón.

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