/ viernes 28 de septiembre de 2018

Descubre cómo encontrar tesoros comestibles en los parques de N. York

"Así se alimentaba la gente antes de que hubiera
 supermercados y granjas"

Steve Brill vuelve a estar en busca de alimentos y hoy los ha encontrado en el tocón de un árbol frente al neoyorkino Central Park. Brill toma un puñado de hongos y dice: ”Si preparáis una sopa o un puchero o rehogáis un par de ingredientes sabrosos podéis añadir unos cuantos”. Las setas, que han crecido junto a los vehículos aparcados en la calle, no tienen un sabor maravilloso pero se pueden comer, como casi todo lo que Brill recolecta en los parques de la Gran Manzana.

Este hombre de 69 años es un amante de la naturaleza y cocinero aficionado. Con su casco militar, ropa funcional en tonos tierra, mochila y armado con una pala, parece que más bien se encuentra de expedición en una zona tropical. Sin embargo, desde 1980 Brill guía a los habitantes de la gran ciudad por los parques urbanos y les enseña los tesoros comestibles que se pueden encontrar en la metrópoli. Además ha escrito varias libros sobre plantas y cocina y ha desarrollado una app para reconocer plantas salvajes. No en vano, él se autodenomina “Wildman Steve” (hombre salvaje).

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El grupo que le acompaña hoy no tiene que buscar demasiado. A pocos pasos del lugar de encuentro en Central Park crece una lentejilla, que pertenece a la familia de la rúcula y es conocida como la pimienta del pobre por su fuerte sabor. En el siglo XV los pobres usaban esta planta para aderezar la comida en mal estado, cuenta Brill. Es buena para ensaladas o para cocinar patatas y pasta, añade. Y si a sus semillas se les añade vinagre, salsa de miso y estragón se puede elaborar incluso mostaza con la batidora, asegura.

”¡Servíos! Dejad las raíces para que vuelvan a crecer”, anima Brill a su equipo. Con bolsas de plástico en las manos, los participantes se acercan a los arbustos y arrancan los tallos verdes. A lo largo del recorrido, algunos han recogido también hojas de la planta curativa malva neglecta (para hacer té), cenizo (que le va bien al arroz y las espinacas) y vinagrera, que sabe a limón.

DPA

”Nunca me hubiera imaginado que podría encontrar plantas con sabor a limón y pimienta”, dice una de las participantes. “Hay a montones”, indica Brill. “Así se alimentaba la gente antes de que hubiera supermercados y granjas”. Las frambuesas y moras pronto estarán maduras.


YA NO ES DELITO

Pero los tours de Brill no siempre se desarrollaron de manera tan armoniosa porque la ley prohíbe llevarse plantas de los parques. En 1986, dos empleados de los parques participaron en la visita guiada vestidos de civil y dejaron que se detuviera y esposara a Brill después de que arrancara y se comiera un diente de león. “Parque planta un bozal a experto en plantas”, tituló el periódico New York Daily News.

Brill considera absurda la idea de que arrancar un par de hierbas pueda dañar las zonas verdes y cree que las máquinas de los responsables de mantenimiento de los parques son mucho más dañinas. Además, él despierta en las personas, entre ellas muchos niños y estudiantes, la conciencia por la protección de la naturaleza, alega.

”El aire, la atmósfera, los mares... Ahí están los problemas”, dice Brill. Y cuanto más visitas ofrezca, más personas habrá para oponerse a la política dañina con el clima y antiecologista del presidente Donald Trump.

DPA

El valor añadido de sus visitas guiadas fue reconocido por la autoridad responsable de los parques, que retiró la denuncia y lo contrató durante más de cuatro años como experto en plantas.

Actualmente, los jardines comunitarios y los cursos sobre naturaleza y plantas forman parte del programa de ocio en Nueva York. La granja Brooklyn Grange cultiva anualmente 22 toneladas de alimentos sobre dos azoteas y en el jardín flotante Swale se cultivan fruta, verdura y especias sobre una gabarra de 25 metros de eslora. Ambos proyectos ofrecen talleres y programas para voluntarios.

DPA

Lily es una chica china cliente habitual de Brill. “Tengo su app pero a veces tengo que refrescar mis conocimientos”, cuenta. Lo que encuentra con él también se utiliza en la cocina china. Cuando el grupo se detiene ante un arbusto trepador y Brill libera su raíz con la pala, Lily se pone manos a la obra con una tijera de uñas: en la gastronomía japonesa la raíz es conocida como ingrediente.

Brill en cambio la deja macerar en zumo de manzana, vinagre de vino, salsa de soja, aceite de oliva, ajo y laurel y elabora con ello carne seca vegana. Ahora reparte entre los asistentes trozos que lleva en un tupper, las tiras marrones están riquísimas.

La hija de Brill, Violet, de 14 años, empieza a seguir los pasos de su padre. Le ha acompañado en sus recorridos desde que tiene dos meses ”igual que otros crecen yendo al supermercado”, dice. Violet cuenta que a sus amigos no les gusta pasar tanto tiempo al aire libre, suelen estar entretenidos con “sus aparatos y redes sociales”. De mayor quiere dedicarse a proteger el medio ambiente y pasar todo el tiempo posible en la naturaleza. Como responde a los correos electrónicos el “hombre salvaje”: ”¡Nos vemos en el campo!”

Steve Brill vuelve a estar en busca de alimentos y hoy los ha encontrado en el tocón de un árbol frente al neoyorkino Central Park. Brill toma un puñado de hongos y dice: ”Si preparáis una sopa o un puchero o rehogáis un par de ingredientes sabrosos podéis añadir unos cuantos”. Las setas, que han crecido junto a los vehículos aparcados en la calle, no tienen un sabor maravilloso pero se pueden comer, como casi todo lo que Brill recolecta en los parques de la Gran Manzana.

Este hombre de 69 años es un amante de la naturaleza y cocinero aficionado. Con su casco militar, ropa funcional en tonos tierra, mochila y armado con una pala, parece que más bien se encuentra de expedición en una zona tropical. Sin embargo, desde 1980 Brill guía a los habitantes de la gran ciudad por los parques urbanos y les enseña los tesoros comestibles que se pueden encontrar en la metrópoli. Además ha escrito varias libros sobre plantas y cocina y ha desarrollado una app para reconocer plantas salvajes. No en vano, él se autodenomina “Wildman Steve” (hombre salvaje).

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El grupo que le acompaña hoy no tiene que buscar demasiado. A pocos pasos del lugar de encuentro en Central Park crece una lentejilla, que pertenece a la familia de la rúcula y es conocida como la pimienta del pobre por su fuerte sabor. En el siglo XV los pobres usaban esta planta para aderezar la comida en mal estado, cuenta Brill. Es buena para ensaladas o para cocinar patatas y pasta, añade. Y si a sus semillas se les añade vinagre, salsa de miso y estragón se puede elaborar incluso mostaza con la batidora, asegura.

”¡Servíos! Dejad las raíces para que vuelvan a crecer”, anima Brill a su equipo. Con bolsas de plástico en las manos, los participantes se acercan a los arbustos y arrancan los tallos verdes. A lo largo del recorrido, algunos han recogido también hojas de la planta curativa malva neglecta (para hacer té), cenizo (que le va bien al arroz y las espinacas) y vinagrera, que sabe a limón.

DPA

”Nunca me hubiera imaginado que podría encontrar plantas con sabor a limón y pimienta”, dice una de las participantes. “Hay a montones”, indica Brill. “Así se alimentaba la gente antes de que hubiera supermercados y granjas”. Las frambuesas y moras pronto estarán maduras.


YA NO ES DELITO

Pero los tours de Brill no siempre se desarrollaron de manera tan armoniosa porque la ley prohíbe llevarse plantas de los parques. En 1986, dos empleados de los parques participaron en la visita guiada vestidos de civil y dejaron que se detuviera y esposara a Brill después de que arrancara y se comiera un diente de león. “Parque planta un bozal a experto en plantas”, tituló el periódico New York Daily News.

Brill considera absurda la idea de que arrancar un par de hierbas pueda dañar las zonas verdes y cree que las máquinas de los responsables de mantenimiento de los parques son mucho más dañinas. Además, él despierta en las personas, entre ellas muchos niños y estudiantes, la conciencia por la protección de la naturaleza, alega.

”El aire, la atmósfera, los mares... Ahí están los problemas”, dice Brill. Y cuanto más visitas ofrezca, más personas habrá para oponerse a la política dañina con el clima y antiecologista del presidente Donald Trump.

DPA

El valor añadido de sus visitas guiadas fue reconocido por la autoridad responsable de los parques, que retiró la denuncia y lo contrató durante más de cuatro años como experto en plantas.

Actualmente, los jardines comunitarios y los cursos sobre naturaleza y plantas forman parte del programa de ocio en Nueva York. La granja Brooklyn Grange cultiva anualmente 22 toneladas de alimentos sobre dos azoteas y en el jardín flotante Swale se cultivan fruta, verdura y especias sobre una gabarra de 25 metros de eslora. Ambos proyectos ofrecen talleres y programas para voluntarios.

DPA

Lily es una chica china cliente habitual de Brill. “Tengo su app pero a veces tengo que refrescar mis conocimientos”, cuenta. Lo que encuentra con él también se utiliza en la cocina china. Cuando el grupo se detiene ante un arbusto trepador y Brill libera su raíz con la pala, Lily se pone manos a la obra con una tijera de uñas: en la gastronomía japonesa la raíz es conocida como ingrediente.

Brill en cambio la deja macerar en zumo de manzana, vinagre de vino, salsa de soja, aceite de oliva, ajo y laurel y elabora con ello carne seca vegana. Ahora reparte entre los asistentes trozos que lleva en un tupper, las tiras marrones están riquísimas.

La hija de Brill, Violet, de 14 años, empieza a seguir los pasos de su padre. Le ha acompañado en sus recorridos desde que tiene dos meses ”igual que otros crecen yendo al supermercado”, dice. Violet cuenta que a sus amigos no les gusta pasar tanto tiempo al aire libre, suelen estar entretenidos con “sus aparatos y redes sociales”. De mayor quiere dedicarse a proteger el medio ambiente y pasar todo el tiempo posible en la naturaleza. Como responde a los correos electrónicos el “hombre salvaje”: ”¡Nos vemos en el campo!”

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