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Pesadilla

  • Iván García Vargas

Generalmente duermo muy bien, hay muy pocas cosas que me quitan el sueño, incluso, puedo tomar una o dos tazas de café antes de acostarme y dormir plácidamente, tal vez es una habilidad que las personas que se dedican a lo mismo que yo, hemos desarrollado con el tiempo, a aprovechar al máximo los momentos que se tienen para dormir. Sin embargo esta semana fue la excepción, aunque dormí dormí en promedio las mismas horas que acostumbro, parece que los sueños que he tenido me inquietan un poco.

Soñé que que un grupo de personas, que pensaban un poco diferente a mi, querían hacerme daño, que buscaban todos los medios para hacerlo, incluso querían hacerle daño a mi familia, argumentaban que tenían derecho, decían que solo buscaban ser felices y hacer felices a los demás y en la búsqueda  podían lastimar a quien ellos quisieran.

Soñé también que, algunos profesores, en lugar de dar clases a sus alumnos, salían a las calles a hacer destrozos, cerraban las calles y robaban vehículos, los incendiaban, lastimaban a muchas personas y sobre todo a los niños, pues los dejaban sin lo mas preciado que en la infancia se puede tener, la educación y el recuerdo de un maestro inspirador, que motive a ser mejor persona y que se convierta en un modelo a seguir.  

Otro día, todo parecía ir bien con mi hábito de de dormir plácidamente, ya dispuesto a recostarme, habiendo colocado el despertador, el sueño se apodero de mi, y soñé como un par de personajes,  se reunían en un palacio, al parecer eran príncipes o reyes, y en su reunión hablaban de cosas incomprensibles, sin fundamentos y sin razón, se brindaban uno a otro sonrisas y al estrecharse las manos sentían coraje y odio entre ellos, esa escena parecía un total despropósito, muy inquietante.

Otro día soñé que los padres y madres de familia trabajaban incansablemente y que sus esfuerzos eran vanos, infructuosos, pues su cansancio y su trabajo honesto no les permitía vivir decorosamente, parecía que algo o alguien mermaba de manera cotidiana sus esperanzas de seguir adelante.

Afortunadamente todo ha sido un mal sueño, pues cada día que salgo de casa, puedo ver padres de familia que acompañan  a sus hijos, que los llevan de la mano, sonrientes y con alegría en el rostro, dando consejo, amor y excelente ejemplo, los mismos que son excelentes trabajadores, obreros dedicados, profesionales responsables y empresarios generosos.

Reconozco también excelentes profesores en las escuelas, dedicados a su profesión, con vocación docente, que no admite lugar a dudas, mexicanos valiosos y patriotas, preocupados y ocupados por el futuro de sus familia, comunidades y nación.

Espero que esos malos sueños nunca los vuelva a tener y mucho menos en la realidad.