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Hablemos de Discapacidad

  • José José Grimaldo Colmenero

El primer regalo

Cuando se espera la llegada de un bebé a la familia, vienen a la mente un mar de ideas sobre el sexo, el nombre, el color de la ropa que será necesaria, el parecido físico que tendrá y muchas cosas más.

El día tan esperado llega y el médico nos informa que el boleto para la rifa de la discapacidad que todos tenemos, en nuestro caso salió ganador. Y aunque esto no cambia el amor que sentimos por nuestros hijos, nos sentimos en un terreno diferente.

Alguna vez escuché que tener un hijo con discapacidad era como planear un viaje a la playa y llegar a una montaña: la montaña puede ser muy hermosa, pero requerimos de un periodo de adaptación para dejar de aferrarnos a la playa y comenzar a disfrutar de la montaña.

En momentos como este, las dudas y las preguntas surgen para cumplir con nuestra tarea natural al dar vida a un nuevo ser, así como en la forma en que podemos impulsar un desarrollo para una vida independiente.

La primera infancia es el período que se extiende desde el desarrollo prenatal hasta los ocho años de edad. Se trata de una etapa crucial de crecimiento y desarrollo pues es una importante ventana de oportunidad para preparar las bases del aprendizaje y la participación permanentes.

Para una persona con discapacidad, es esta una etapa vital para garantizar el acceso a intervenciones que puedan ayudarlos a desarrollar todo su potencial. Sin intervenciones tempranas ni apoyo y protección oportunos y apropiados, las dificultades de los niños con alguna desventaja en cuanto a desarrollo y sus familias, pueden agudizarse.

La falta de una intervención oportuna en esos momentos de la primera infancia en una persona con discapacidad, suele provocar consecuencias permanentes que inclusive pasan por una mayor exposición a aspectos de vulnerabilidad en el entorno social.

La Convención sobre los Derechos del Niño y la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad establecen la necesidad de trabajar en sociedad para que los niños con discapacidad gocen de los mismos derechos que cualquier persona. La atención de la salud, a la nutrición, a la educación, a la inclusión social y a la protección frente a la violencia, el abuso y el abandono.

En el caso de los niñas o niños con discapacidad congénita es muy importante mantener la vigilancia y realizar intervenciones tempranas debido a que se requiere llevar una estimulación psicomotriz y sensorial. Con una estimulación temprana adecuada y supervisada, adquirirá competencias que le permitan alcanzar la independencia y tener una mejor calidad de  vida.

En Guanajuato se cuenta con Salas de Estimulación Multisensorial, a las cuales se puede acceder a través de los sistemas DIF en los municipios. El acceso a un apoyo apropiado, como la intervención y la educación tempranas en la infancia, es una forma de garantizar los derechos de las niñas y los niños con discapacidad porque de esta manera se está impulsando un desarrollo pleno. Hasta la próxima.