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Cultura, historia y seguridad nacional – Dr. Jorge A. Lumbreras Castro

  • Jorge A. Lumbreras Castro

Toda nación define los contenidos de su historia y su memoria nacional, se trata de un poderoso relato que establece bases mínimas de identidad, de reconocerse como parte de un nosotros cultural,  de encontrarse en un lugar al que se llama patria, ese origen que en México hemos llamado también la matria que nos recorre de manera inmaterial pero se que expresa en representaciones del mundo y de la vida en actos concretos, un hacer común al que llamamos cotidianidad, y un estar y ser en el tiempo que se representa en un actuar cultural y en una organización de la vida en los calendarios.   

 

La identidad nacional se construye y entrevera en grandes mitos fundacionales que en el caso de México se decantan en el escudo, la bandera y el himno nacional, en los ceremoniales cívicos, en la organización del tiempo, y necesariamente en poderosos símbolos que recorren los imaginarios colectivos de las regiones de México constituidos de tradiciones, gastronomías, e íconos y liturgias religiosas.  

 

Aquí vivimos, en un suelo al que llamamos tierra, madre y patria, un suelo que es al mismo tiempo una manifestación cultural que se relaciona de manera compleja con la memoria, la historia, los sabores y los olores; aquí vivimos en un orden de climas y cielos diversos que están en el origen de los particularismos que habitan en la República y que se recrean en la música que tributa al país, a la región, al estado y a la localidad; aquí vivimos los mexicanos que somos de todas las lenguas, de todas las religiones, de todos los puntos de la República y que nos encontramos para hacer historia en una historia común; aquí trabajamos obreros, campesinos, empresarios, profesionistas liberales, comerciantes, amas de casa, marinos, soldados, quienes tras enfrentar décadas de inducida división nos abrazamos en la tragedia, en la alegría y en el llanto, así somos.    

La Revolución Mexicana nos legó un imaginario colectivo cuya densidad radicó en un México mestizo que hoy se redescubre mestizo y multicultural, legó también un proyecto educativo nacional que hoy se expresa en decenas de miles de escuelas y en un magisterio nacional que día a día inculca la historia de lo nacional y de las entidades del país.  La educación pública está en el centro del nosotros nacional, de la posibilidad de reconocernos en un suelo común, en una historia que a la vez de común es diversa y prolífica. El proceso de institucionalización del Estado mexicano en el siglo XX logró que nos reconociéramos desde un magma político, social y cultural inédito, único y también patriótico; ese magma político, ese mosaico ético,  esa responsabilidad política están en el vértice de nuestra unidad nacional y por ende de nuestra indivisibilidad nacional.  

 

Aquí vivimos los mexicanos, los de la América Latina, los estadounidenses, los europeos, los africanos y cada día nos asombramos del poder de nuestras tradiciones que prevalecen, transmutan y enriquecen al seno del código cultural de la posmodernidad, de la única cultura verdaderamente global en la historia de la humanidad; aquí vivimos los herederos del México prehispánico que se nos revela en signos, palabras, memoria y monumentos, los herederos de los mundos indígenas vivos, palpitantes, y festivos que con razones nos reclaman extravíos, olvidos y deudas que debemos solventar.    

 

Aquí seguimos con templos, fiestas patronales y oraciones a varios Dioses, con nuestro día de muertos, con los reyes magos, con poderosas gastronomías, con costumbres y valores de solidaridad y apoyo mutuo, con nuestras singulares formas de ver el tiempo y los colores. Aquí  habitamos las mexicanas y los mexicanos frente a las pantallas que todo inundan pero frente a los altares sagrados o profanos; y frente a las prótesis mentales pero frente a los colores, los aromas, los dulces, los moles y los juguetes que exigen tiempo, trabajo y destreza.  

 

Aquí hablamos y sentimos las mexicanas y los mexicanos atenazados por el modelo de creación de riqueza global que incluye y depreda otros mundos, pero danzando nuestras danzas, vistiendo nuestro trajes ancestrales, y hablando nuestras lenguas indígenas que entrañan cosmogonías, dirían los alemanes nuestras visiones del mundo.  Aquí vamos a perseverar.  

 

Seamos multiculturales, híbridos, melancólicos, modernos, pre-modernos o posmodernos la cultura nacional, única por su diversidad, heterogeneidad y también por sus contradicciones y disputas, está activa y se recrea y se expresa desde la tradición y desde nuevas rutas en que los jóvenes y no tan jóvenes se la apropian para actualizarla y potenciarla a los nuevos tiempos.  No se niegan aquí nuestras contradicciones tampoco nuestras peores páginas y sus contenidos de exclusión, discriminación, racismo, prejuicio, maltrato, abuso y pensamientos tendentes a la subordinación del otro y aún a la occidentalización forzada, no, no se niega, pero los sabremos superar, estamos en eso.  

 

Los grandes objetivos e intereses nacionales están escritos en nuestro pacto civil fundamental, de ahí emanan las leyes que muchos cuestionan pero sólo esas leyes explican el sistema educativo nacional, las universidades públicas, el sistema nacional de salud, el sistema nacional de asistencia social, los programas nacionales contra la pobreza, la infraestructura energética del país, las vías de comunicación que atraviesan toda la República, y sólo desde ahí se explica por qué cada niña o niña frente al mar puede decir esto es todo mío, llámese inmaterial, idílico o ideológico si se quiere, pero México es nuestro, cada piedra, cada río, cada bosque es y debe ser parte de la Unión, cada pedazo de cielo nos pertenece a todos, y a todos corresponde la responsabilidad de mantenerlo así y a cada generación legarlo con nuevos contenidos, legarlo mejor que como lo encontró, se dice en breve y fácil, no lo es.  

 

La cultura es parte de nuestra seguridad nacional, conocer nuestra historia es reconocernos en esa historia para hacer patria,  porque desde ahí  encontramos la realidad de las desigualdades y exclusiones que aún alcanzan a millones en la República, porque desde ahí reconocemos excesos y abusos, porque desde el lugar común que llamamos patria podemos apreciar lo que ha quedado pendiente, esa es la tarea, construir una patria mejor, y todos tenemos esa responsabilidad. Nuestra cultura e historia son parte de nuestra seguridad nacional, saber que somos una nación de naciones, pero a la vez una sola nación, permite entender que debemos abrazar lo nuestro, lo que por derecho y legado nos pertenece.  

jorgealumbrerascastro@gmail.com


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