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Caja Negra

  • Martín Diego Rodríguez

La promesa del resultado

“El mundo exige resultados. No les cuentes a otros tus dolores del parto, muéstrales al niño”.

Indira Gandhi

Sin duda alguna que los resultados son lo que todos esperamos, más si se trata de la administración pública donde está en juego el recurso de los impuestos de los mexicanos metidos en una visión unipersonal y, en algunos casos, una visión de partido para un desarrollo que arroje resultados.

Pero en las campañas políticas los ciudadanos aún no tienen información suficiente de cómo llegarán los candidatos a lograr los resultados que ofrecen como promesa de campaña.

El fin de semana pasado circuló un video donde el doctor Gabriel Pérez Corona preguntaba a la candidata al Senado de la República, Azul Etcheverry, cómo desarrollará su oferta legislativa; la priista comentó que ella promueve proyectos productivos para mujeres, la recuperación de la seguridad y muchas ofertas que se encuentran en su Facebook; Pérez Corona insistió en una pregunta: “¿Cómo?”. Fue el fin de la conversación.

La pregunta hoy es “¿Cómo?”. El no tener un plan de trabajo, demostraría sin duda alguna que hay una deficiencia en la gestión de parte de quien aspira a cualquier cargo público. La regla del marketing advierte que, si va la promesa antes que el proyecto, demuestra una carencia en la planificación y una deficiencia en la gestión.

El resumen sale del primer debate presidencial del proceso actual. Jaime Rodríguez “El Bronco”, preguntó a Andrés Manuel López -quien insistió en vender el avión presidencial-: “¿Y tú cómo prometes vender lo que no es tuyo?”, es decir, la oferta fácil para un electorado confuso.

En lo actual cabe preguntar cómo se dan las ofertas de hacer tales o cuales proyectos si todavía no están en el gobierno, cómo es que se aventuran a dar cifras en una proyección que no tienen cierta; lo que demuestran con ello, otra vez, es el populismo de una propuesta que no quiere tomar en cuenta a la ciudadanía y se centra más en la venta del resultado que en la manera de cómo hacerlo.

Es deber de todos los ciudadanos, entonces, preguntar no cuál es su promesa de campaña sino su plan de gobierno, y más aún, ¿cómo lo realizarán?, ¿cuándo estará listo?, ¿dónde se llevará a cabo?, ¿quién o quiénes estarán involucrados?, ¿cuánto va a costar y cómo se va a financiar?, ¿cuál es el resultado que esperan tener?; eso es más complicado de responder, quizá los mismos candidatos no tengan claridad al día de hoy de cómo esperan desarrollar su planes, lo que sí, es el resultado que esperan: más seguridad, más inversión, más obra pública, más calidad de vida, pero… ¡¿Cómo?!

En una etapa del marketing, hay un periodo donde al producto se le somete a prueba,  diagnóstico y planificación. Los candidatos finalmente están ya electos o designados por sus partidos políticos y no por los ciudadanos, pero al final hay una competencia en la que participan los electores.

En ese proceso, se deberían aclarar puntos de la relación de trabajo pues, a final de cuentas, los candidatos están pidiendo el voto para aplicar una visión en la administración pública más no de gobierno, esa parte viene sola cuando hay los satisfactores sociales cubiertos.

¿Y si en lugar de ir a votación los candidatos pusieran a consideración una solicitud de empleo?… ¿cambiarían las cosas? Puede que sí… puede que no.

(*) El autor es periodista que ha publicado en la prensa local, nacional y extranjera; es analista político y editor en el portal Platino News, Noticias para la Nueva Generación

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