/ miércoles 12 de junio de 2019

Más de cien años de vida

José Esquivel Lara nació un 13 de marzo de 1916, penúltimo año de la Revolución Mexicana

Hoy sus manos son delgadas, las venas grisáceas se enmarcan como raíces en sus dorsales, sus dedos asemejan apenas las ramas de un árbol y lo que antes eran duras extremidades para el fuerte trabajo del zapato, hoy se atenazan a una silla de ruedas, en el rostro de Don José Esquivel Lara se enmarca más un siglo de vida ya con 103 años de edad.

José Esquivel Lara nació un 13 de marzo de 1916, penúltimo año de la Revolución Mexicana, en ese mismo mes, un día 9, Pancho Villa, el hombre legendario de la contienda revolucionaria, invadió la ciudad de Colombus, el único mexicano que no le tuvo miedo al imperio gringo y que lo atacó en su territorio. El Centauro del Norte y sus villistas causaron bajas al ejército de Estado Unidos, mataron soldados estadounidenses y civiles.

Don José Esquivel Lara vino al mundo en la Hacienda de Ledezma en Ciénega de Mata Jalisco, fue hijo de Teodora Lara y Miguel Esquivel, sus hermanos, fueron Salomé, Reyes, Pancho, Juan, Teodora, Pillar y Chabela, pero ¿quién recuerda los años de Don José ? Los recuerdos de su infancia se han esfumado, pues ya no hay hermanos que le sobrevivan para contarnos esta historia, nadie que cuente sus primeros días de vida, lo que vivió durante la primera mitad del siglo XX, ni él mismo ahora se acuerda ¿qué historias contaría entonces un hombre con más de cien años de vida?

Don Julio, uno de sus hijos, se acuerda de su papá, que a Don José se le recuerda como un duro padre que amó a sus hijos, que se dedicó a la actividad zapatera, que por ellos trabajó, hasta que un día por la siempre situación precaria del país y por urgencia, se vio en la necesidad de dejar su tierra amada y emigrar hacia los Estados Unidos junto con su esposa Mamá Carmen. “Se vio muy urgido, muy necesitado, ya no hubo remedio” dijo Julio Esquivel.

Don José tomaba un cerquillo, esos eran otros tiempos, en que se utilizaban fieros escarmientos para hacer entender así lo recuerda Don Julio “¡Ah que chinga nos paraba! Y nosotros nombre un par de jijos de María Santísima que nomás vieras, tú tío Abraham y yo nos íbamos al estadio Fernández Martínez en el día, íbamos a dar a la casa hasta que pitaba el pito de la fábrica de hule, uno que estaba ahí por la 27 de septiembre, pitaba y córrele que se hizo bien tarde, íbamos bien abrazados de nuestros amigotes, ahí por la subida a un costado del Santuario y se escondía en unas graditas que estaban allí de una peluquería y de repente que nos salía, y no decía ¡Qué bien cabrones eh que al cabo tienen a sus esclavos, y nos daba unas jodas, una pegas que solo Dios nunca entendimos”.

“Pos que era zapatero nomás, trabajó en su casa de la Zacatecas, hizo varios intentos de hacer su piquita pero no le dio resultado, hacía zapatillas” recordó Don Julio al momento de la entrevista.

Junto a su esposa Carmen Vázquez Moreno, tuvieron que emigrar a la frontera con California, se acuerda Julio “se fueron a vender pollos en Tijuana, vendían pollitos de a 50 centavos para criar y ahí tuvieron que esperarse un tiempo mientras les arreglaban, ya cuando les arreglaron pa’ adentro y a trabajar”.

En los años 60´s, ya del lado estadounidense, Don José y Carmen, trabajaron duro en la ciudad de Oxnard en California “ahí hizo sus centavitos, todo para meterle a la casa en la Santo Domingo 318” recordó Don Julio con añoro, con cariño, pues en ese hogar se reunía la familia Esquivel cada Diciembre, cada que mamá Carmen y papá José llegaban para las posadas y la cena navideña, a traer regalos desde la unión americana para todos, obsequios como caballos o videojuegos o muñecas.

Tuvo 9 hijos con su esposa Carmela Vázquez Moreno, originaria de Lagos de Moreno Jalisco y nacida Sterling en el estado de Illinois en Estados Unidos, con quien se matrimonió durante 65 largos años de casado. Carmen y José, criaron y educaron a nueve hijos, que salieron adelante y que también echaron sus raíces, Abraham, Julio, María, Miguel, Sabino, Isabel, Agustín, Consuelo y Margarita.

Don José aún vive en este siglo XXI, tiene los ojos cerrados pues lo tolera la luz, sus ojos yan han visto un siglo completo, si acaso ¿escucha esta época? Sabrá de algo de lo que pasa hoy si sus párpados no se abren. Su cuerpo ya no anda como antes, pues ha vivido una centuria, hace algunos años todavía recordaba la voz de sus bisnietos, la de sus nietos y la de sus hijos “¿de quién eres hijo?” decía cuando podía ir al Centro Histórico a sentarse en la zona peatonal” y al final respondía “Ah eres tú”.

Hoy sus manos son delgadas, las venas grisáceas se enmarcan como raíces en sus dorsales, sus dedos asemejan apenas las ramas de un árbol y lo que antes eran duras extremidades para el fuerte trabajo del zapato, hoy se atenazan a una silla de ruedas, en el rostro de Don José Esquivel Lara se enmarca más un siglo de vida ya con 103 años de edad.

José Esquivel Lara nació un 13 de marzo de 1916, penúltimo año de la Revolución Mexicana, en ese mismo mes, un día 9, Pancho Villa, el hombre legendario de la contienda revolucionaria, invadió la ciudad de Colombus, el único mexicano que no le tuvo miedo al imperio gringo y que lo atacó en su territorio. El Centauro del Norte y sus villistas causaron bajas al ejército de Estado Unidos, mataron soldados estadounidenses y civiles.

Don José Esquivel Lara vino al mundo en la Hacienda de Ledezma en Ciénega de Mata Jalisco, fue hijo de Teodora Lara y Miguel Esquivel, sus hermanos, fueron Salomé, Reyes, Pancho, Juan, Teodora, Pillar y Chabela, pero ¿quién recuerda los años de Don José ? Los recuerdos de su infancia se han esfumado, pues ya no hay hermanos que le sobrevivan para contarnos esta historia, nadie que cuente sus primeros días de vida, lo que vivió durante la primera mitad del siglo XX, ni él mismo ahora se acuerda ¿qué historias contaría entonces un hombre con más de cien años de vida?

Don Julio, uno de sus hijos, se acuerda de su papá, que a Don José se le recuerda como un duro padre que amó a sus hijos, que se dedicó a la actividad zapatera, que por ellos trabajó, hasta que un día por la siempre situación precaria del país y por urgencia, se vio en la necesidad de dejar su tierra amada y emigrar hacia los Estados Unidos junto con su esposa Mamá Carmen. “Se vio muy urgido, muy necesitado, ya no hubo remedio” dijo Julio Esquivel.

Don José tomaba un cerquillo, esos eran otros tiempos, en que se utilizaban fieros escarmientos para hacer entender así lo recuerda Don Julio “¡Ah que chinga nos paraba! Y nosotros nombre un par de jijos de María Santísima que nomás vieras, tú tío Abraham y yo nos íbamos al estadio Fernández Martínez en el día, íbamos a dar a la casa hasta que pitaba el pito de la fábrica de hule, uno que estaba ahí por la 27 de septiembre, pitaba y córrele que se hizo bien tarde, íbamos bien abrazados de nuestros amigotes, ahí por la subida a un costado del Santuario y se escondía en unas graditas que estaban allí de una peluquería y de repente que nos salía, y no decía ¡Qué bien cabrones eh que al cabo tienen a sus esclavos, y nos daba unas jodas, una pegas que solo Dios nunca entendimos”.

“Pos que era zapatero nomás, trabajó en su casa de la Zacatecas, hizo varios intentos de hacer su piquita pero no le dio resultado, hacía zapatillas” recordó Don Julio al momento de la entrevista.

Junto a su esposa Carmen Vázquez Moreno, tuvieron que emigrar a la frontera con California, se acuerda Julio “se fueron a vender pollos en Tijuana, vendían pollitos de a 50 centavos para criar y ahí tuvieron que esperarse un tiempo mientras les arreglaban, ya cuando les arreglaron pa’ adentro y a trabajar”.

En los años 60´s, ya del lado estadounidense, Don José y Carmen, trabajaron duro en la ciudad de Oxnard en California “ahí hizo sus centavitos, todo para meterle a la casa en la Santo Domingo 318” recordó Don Julio con añoro, con cariño, pues en ese hogar se reunía la familia Esquivel cada Diciembre, cada que mamá Carmen y papá José llegaban para las posadas y la cena navideña, a traer regalos desde la unión americana para todos, obsequios como caballos o videojuegos o muñecas.

Tuvo 9 hijos con su esposa Carmela Vázquez Moreno, originaria de Lagos de Moreno Jalisco y nacida Sterling en el estado de Illinois en Estados Unidos, con quien se matrimonió durante 65 largos años de casado. Carmen y José, criaron y educaron a nueve hijos, que salieron adelante y que también echaron sus raíces, Abraham, Julio, María, Miguel, Sabino, Isabel, Agustín, Consuelo y Margarita.

Don José aún vive en este siglo XXI, tiene los ojos cerrados pues lo tolera la luz, sus ojos yan han visto un siglo completo, si acaso ¿escucha esta época? Sabrá de algo de lo que pasa hoy si sus párpados no se abren. Su cuerpo ya no anda como antes, pues ha vivido una centuria, hace algunos años todavía recordaba la voz de sus bisnietos, la de sus nietos y la de sus hijos “¿de quién eres hijo?” decía cuando podía ir al Centro Histórico a sentarse en la zona peatonal” y al final respondía “Ah eres tú”.

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