/ domingo 2 de diciembre de 2018

Rosa de los Vientos

Por un Estado al servicio de sus ciudadanos

<Inició la Cuarta Transformación. Andrés M. López Obrador, Presidente>

Pleno de simbolismos y agarrado de su interpretación de la Historia como la guía para explicar al país y ofrecer sus alternativas para llevarlo al progreso, Andrés Manuel López Obrador ha tomado protesta como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y junto a él, colocar a la izquierda mexicana en el mando del país, por vez primera en este siglo, en el siglo XX gobernó con Lázaro Cárdenas, aunque muchos no lo recuerden.

AMLO fue muy claro ante el Congreso de la Unión, invitados especiales y todos los que siguieron la ceremonia de asunción de la Presidencia de la República para el período 2018-2024: Ejercerá el poder e impondrá su ideario político-social de manera contundente y vertiginosa, porque él y los suyos han llegado para desmontar las estructuras neoliberales de la economía, forjar un nuevo Estado de Bienestar y sobre todo desterrar a la corrupción, semilla de todos los males, de la vida pública y social.

Habló Andrés Manuel López Obrador como Presidente de la República, ya no como candidato a la Presidencia. Lo hizo ya desde la posición del poder y con sus instrumentos en sus manos: El Estado se encargará de eliminar las desigualdades sociales y no se subordinará al Poder Económico, que queda así, separado del Poder Político para hacer negocios.

Tendió los puentes con las fuerzas armadas. Como su Comandante en Jefe y tras una evaluación de la situación nacional, serán su punto de apoyo para lograr la Seguridad Nacional, la Seguridad Interior y la Seguridad Pública. Reconoce su historia y lealtad y de paso, desarma a los críticos de las fuerzas armadas anclados en el 68: son sus aliados y lo sucedido en el pasado, en algunos episodios de la historia, son por causa de los mandos civiles, nunca militares.

De alguna forma, dejó ver que en el siglo XX, tras la institucionalización del poder, hubo dos formas de ejercer el mando en México y se identifica con la que existió entre la década de los treintas y los setentas. El viejo priismo, el del desarrollo

estabilizador, el del nacionalismo revolucionario original, del que abrevó en su infancia y juventud en su Tabasco, entre dos figuras paralelas, Lázaro Cárdenas e imbuido en el espíritu de Tomás Garrido Canabal, el liberal y socialista.

Hacia adelante, el que llevó a México a la globalización y a la economía moderna, pero que permitió aglutinar la riqueza en unos pocos a costa del sacrificio de casi todos, lo que considera la etapa Neoliberal, corrupta e injusta socialmente, la que queda en la historia en su cierre con Enrique Peña Nieto, presente en la andanada, queda abominada. Como parte de la estadística, no mencionó a la mafia del poder.

Eje central del discurso del nuevo Presidente del Gobierno de México, por ahora la República no está en la imagen, la corrupción es la fuente de todos los males, pero no se perseguirá a los políticos que se van, concesión de la transición del poder, pero siempre con la mira puesta, porque no se olvida y la gente en una consulta podría decir hasta dónde llevarlos. No es Robespierre, prefiere ser el Dantón de la Nueva República.

López Obrador también calmó a los mercados, se respetarán las inversiones, pero habrá otras formas de mandato. No se reelegirá, porque también es maderista, pero a sabiendas de que puede regresar la oposición al poder, ha comenzado la gran obra: con todo el poder en el Congreso, irá por múltiples reformas constitucionales, vía iniciativas ya enviadas, para anclar la Cuarta Transformación.

El Estado es él. Fue el otro mensaje. Dio su espacio al Movimiento, al que le acompañó desde antes del 2006 en la búsqueda del poder, pero es su visión la que prima. Jefe de Gobierno y Jefe de Estado, Presidente con sus metafunciones restauradas. Apenas atisbo a la relación de respeto y distancia sin intervención que debiera existir con los poderes Legislativo y Judicial.

Pero, sobre todo, dejó en claro el centralismo que da tener todo el poder. Ni una mención de trabajo y respeto a las entidades federativas que componen la Unión.

Los mandatarios estatales, como el Gobernador Diego Sinhué Rodríguez, panista, deben tener un ojo muy abierto a estos detalles.

La transformación es vertical en el poder público, la horizontalidad queda sólo en las decisiones con el pueblo, el soberano y único a quien le rendirá subordinación el Presidente de México y a quien le ofrecerá poner su puesto a disposición en consulta para una posible revocación de mandato. Iniciativa que harán ley.

Con el pueblo, en el Zócalo, como en otras ocasiones, será la visión social del gobierno. Respeto, educación, apoyo y trabajo para los jóvenes; atención social y apoyo económico a los adultos mayores; igualdad para las mujeres; restitución para los pueblos indígenas. Justicia social y derechos humanos. La cimiente donde debe sostenerse la Nueva República, porque ahí está el soporte del poder de Andrés Manuel López Obrador.

Más allá de visiones políticas, sociales y económicas sobre su plataforma exhibida ayer, observándose que va en serio su ejercicio del poder, rompiendo el molde de gobierno de los últimos 40 años, al iniciarse el nuevo sexenio, nuestro sistema democrático nos da la pauta: que ejerza la oportunidad de hacer las cosas, el pueblo se la entregó con la esperanza de todos, que le vaya bien a México.



Por un Estado al servicio de sus ciudadanos

<Inició la Cuarta Transformación. Andrés M. López Obrador, Presidente>

Pleno de simbolismos y agarrado de su interpretación de la Historia como la guía para explicar al país y ofrecer sus alternativas para llevarlo al progreso, Andrés Manuel López Obrador ha tomado protesta como Presidente Constitucional de los Estados Unidos Mexicanos y junto a él, colocar a la izquierda mexicana en el mando del país, por vez primera en este siglo, en el siglo XX gobernó con Lázaro Cárdenas, aunque muchos no lo recuerden.

AMLO fue muy claro ante el Congreso de la Unión, invitados especiales y todos los que siguieron la ceremonia de asunción de la Presidencia de la República para el período 2018-2024: Ejercerá el poder e impondrá su ideario político-social de manera contundente y vertiginosa, porque él y los suyos han llegado para desmontar las estructuras neoliberales de la economía, forjar un nuevo Estado de Bienestar y sobre todo desterrar a la corrupción, semilla de todos los males, de la vida pública y social.

Habló Andrés Manuel López Obrador como Presidente de la República, ya no como candidato a la Presidencia. Lo hizo ya desde la posición del poder y con sus instrumentos en sus manos: El Estado se encargará de eliminar las desigualdades sociales y no se subordinará al Poder Económico, que queda así, separado del Poder Político para hacer negocios.

Tendió los puentes con las fuerzas armadas. Como su Comandante en Jefe y tras una evaluación de la situación nacional, serán su punto de apoyo para lograr la Seguridad Nacional, la Seguridad Interior y la Seguridad Pública. Reconoce su historia y lealtad y de paso, desarma a los críticos de las fuerzas armadas anclados en el 68: son sus aliados y lo sucedido en el pasado, en algunos episodios de la historia, son por causa de los mandos civiles, nunca militares.

De alguna forma, dejó ver que en el siglo XX, tras la institucionalización del poder, hubo dos formas de ejercer el mando en México y se identifica con la que existió entre la década de los treintas y los setentas. El viejo priismo, el del desarrollo

estabilizador, el del nacionalismo revolucionario original, del que abrevó en su infancia y juventud en su Tabasco, entre dos figuras paralelas, Lázaro Cárdenas e imbuido en el espíritu de Tomás Garrido Canabal, el liberal y socialista.

Hacia adelante, el que llevó a México a la globalización y a la economía moderna, pero que permitió aglutinar la riqueza en unos pocos a costa del sacrificio de casi todos, lo que considera la etapa Neoliberal, corrupta e injusta socialmente, la que queda en la historia en su cierre con Enrique Peña Nieto, presente en la andanada, queda abominada. Como parte de la estadística, no mencionó a la mafia del poder.

Eje central del discurso del nuevo Presidente del Gobierno de México, por ahora la República no está en la imagen, la corrupción es la fuente de todos los males, pero no se perseguirá a los políticos que se van, concesión de la transición del poder, pero siempre con la mira puesta, porque no se olvida y la gente en una consulta podría decir hasta dónde llevarlos. No es Robespierre, prefiere ser el Dantón de la Nueva República.

López Obrador también calmó a los mercados, se respetarán las inversiones, pero habrá otras formas de mandato. No se reelegirá, porque también es maderista, pero a sabiendas de que puede regresar la oposición al poder, ha comenzado la gran obra: con todo el poder en el Congreso, irá por múltiples reformas constitucionales, vía iniciativas ya enviadas, para anclar la Cuarta Transformación.

El Estado es él. Fue el otro mensaje. Dio su espacio al Movimiento, al que le acompañó desde antes del 2006 en la búsqueda del poder, pero es su visión la que prima. Jefe de Gobierno y Jefe de Estado, Presidente con sus metafunciones restauradas. Apenas atisbo a la relación de respeto y distancia sin intervención que debiera existir con los poderes Legislativo y Judicial.

Pero, sobre todo, dejó en claro el centralismo que da tener todo el poder. Ni una mención de trabajo y respeto a las entidades federativas que componen la Unión.

Los mandatarios estatales, como el Gobernador Diego Sinhué Rodríguez, panista, deben tener un ojo muy abierto a estos detalles.

La transformación es vertical en el poder público, la horizontalidad queda sólo en las decisiones con el pueblo, el soberano y único a quien le rendirá subordinación el Presidente de México y a quien le ofrecerá poner su puesto a disposición en consulta para una posible revocación de mandato. Iniciativa que harán ley.

Con el pueblo, en el Zócalo, como en otras ocasiones, será la visión social del gobierno. Respeto, educación, apoyo y trabajo para los jóvenes; atención social y apoyo económico a los adultos mayores; igualdad para las mujeres; restitución para los pueblos indígenas. Justicia social y derechos humanos. La cimiente donde debe sostenerse la Nueva República, porque ahí está el soporte del poder de Andrés Manuel López Obrador.

Más allá de visiones políticas, sociales y económicas sobre su plataforma exhibida ayer, observándose que va en serio su ejercicio del poder, rompiendo el molde de gobierno de los últimos 40 años, al iniciarse el nuevo sexenio, nuestro sistema democrático nos da la pauta: que ejerza la oportunidad de hacer las cosas, el pueblo se la entregó con la esperanza de todos, que le vaya bien a México.



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