/ jueves 9 de mayo de 2019

Reflejos

Protestantes

No fue el PAN el que organizó la marcha del domingo en contra del presidente López Obrador, sino una nueva organización de la que nadie sabe nada, los chalecos amarillos de por acá.

Toman el nombre de otro movimiento de la derecha en Francia, aunque por acá no les alcanza para ese tipo de prenda y vistieron de blanco.

La confusión sobre la identidad de intereses que mueve a los organizadores de la marcha, fue la presencia de muy distinguidos panistas como Vicente Fox y Carlos Medina, la clase de políticos jubilados urgidos de llamar la atención.

A toro pasado, se ve que estos chalecos amarillos están muy deslavados, lejos del poder de convocatoria de los franceses y con una postura maximalista, piden nada menos que la renuncia del presidente, lo que en el muy improbable caso de que llegara a suceder generaría más problemas de los que ellos son capaces de percibir.

No les gusta López Obrador, defienden el aeropuerto de Texcoco como si fuera de su propiedad y se quejan de la inseguridad. Tienen todo el derecho a protestar y a decir lo que no les gusta, pero de ahí a exigir la renuncia del presidente hay una brecha insalvable de ignorancia y sospecha de que los mueven otros intereses.

Una primera consecuencia de esa marcha desaforada, es que los morenos ya se organizan para manifestarse en contra de los amarillos o a favor del presidente, casi los obligan a formalizar el tránsito de un movimiento ciudadano a un partido político, esto es a fortalecer el liderazgo que tanto detestan.

Asesores

El rechazo de algunos sectores a la gestión presidencial se debe en gran medida al discurso de odio que polariza a la sociedad. Como si todavía estuviera en campaña, el titular del Ejecutivo descalifica a grupos y personas, los señala como enemigos de la patria y divide en dos bandos a los mexicanos: los que lo apoyan, buenos y sabios; y, los que no votaron por él con una serie de epítetos y adjetivos injustos.

Es la estrategia, el discurso del fascismo y los radicales de la ultraderecha, para quienes el principio de toda arenga es señalar al enemigo, fustigarlo, denunciarlo, insultarlo, justo como hizo don Adolfo Hitler con los judíos, o el Duce Mussolini contra los socialistas.

Parte del problema es que el presidente no escucha. Tiene en su entorno por lo menos a tres experimentados políticos, el canciller Marcelo Ebrard, el pastor del senado Ricardo Monreal y el político más inteligente de todos, nuestro paisano por derecho de sangre Porfirio Muñoz Ledo y Lasso de la Vega, cualquiera de ellos podría hacer ver que el discurso del odio es como lanzar piedras al cielo, que son más peligrosas cuando caen.

Deportados

Confirma Juan Hernández, secretario del Migrante que en el primer trimestre de este año fueron deportados de los Estados Unidos 3 mil 928 guanajuatenses. Es el resultado de la política racista y xenofoba de Donald Trump.

Pese a ello y en versión del mismo funcionario, aumenta la cantidad de remesas que mandan a Guanajuato los paisanos. No hay negociación posible, si acaso litigar los derechos de los deportados. De don Donald Trump o de su gobierno ¿que cabe esperar?, sólo que se acabe, cosa de tiempo.




Protestantes

No fue el PAN el que organizó la marcha del domingo en contra del presidente López Obrador, sino una nueva organización de la que nadie sabe nada, los chalecos amarillos de por acá.

Toman el nombre de otro movimiento de la derecha en Francia, aunque por acá no les alcanza para ese tipo de prenda y vistieron de blanco.

La confusión sobre la identidad de intereses que mueve a los organizadores de la marcha, fue la presencia de muy distinguidos panistas como Vicente Fox y Carlos Medina, la clase de políticos jubilados urgidos de llamar la atención.

A toro pasado, se ve que estos chalecos amarillos están muy deslavados, lejos del poder de convocatoria de los franceses y con una postura maximalista, piden nada menos que la renuncia del presidente, lo que en el muy improbable caso de que llegara a suceder generaría más problemas de los que ellos son capaces de percibir.

No les gusta López Obrador, defienden el aeropuerto de Texcoco como si fuera de su propiedad y se quejan de la inseguridad. Tienen todo el derecho a protestar y a decir lo que no les gusta, pero de ahí a exigir la renuncia del presidente hay una brecha insalvable de ignorancia y sospecha de que los mueven otros intereses.

Una primera consecuencia de esa marcha desaforada, es que los morenos ya se organizan para manifestarse en contra de los amarillos o a favor del presidente, casi los obligan a formalizar el tránsito de un movimiento ciudadano a un partido político, esto es a fortalecer el liderazgo que tanto detestan.

Asesores

El rechazo de algunos sectores a la gestión presidencial se debe en gran medida al discurso de odio que polariza a la sociedad. Como si todavía estuviera en campaña, el titular del Ejecutivo descalifica a grupos y personas, los señala como enemigos de la patria y divide en dos bandos a los mexicanos: los que lo apoyan, buenos y sabios; y, los que no votaron por él con una serie de epítetos y adjetivos injustos.

Es la estrategia, el discurso del fascismo y los radicales de la ultraderecha, para quienes el principio de toda arenga es señalar al enemigo, fustigarlo, denunciarlo, insultarlo, justo como hizo don Adolfo Hitler con los judíos, o el Duce Mussolini contra los socialistas.

Parte del problema es que el presidente no escucha. Tiene en su entorno por lo menos a tres experimentados políticos, el canciller Marcelo Ebrard, el pastor del senado Ricardo Monreal y el político más inteligente de todos, nuestro paisano por derecho de sangre Porfirio Muñoz Ledo y Lasso de la Vega, cualquiera de ellos podría hacer ver que el discurso del odio es como lanzar piedras al cielo, que son más peligrosas cuando caen.

Deportados

Confirma Juan Hernández, secretario del Migrante que en el primer trimestre de este año fueron deportados de los Estados Unidos 3 mil 928 guanajuatenses. Es el resultado de la política racista y xenofoba de Donald Trump.

Pese a ello y en versión del mismo funcionario, aumenta la cantidad de remesas que mandan a Guanajuato los paisanos. No hay negociación posible, si acaso litigar los derechos de los deportados. De don Donald Trump o de su gobierno ¿que cabe esperar?, sólo que se acabe, cosa de tiempo.