/ lunes 25 de noviembre de 2019

Palabras más… palabras menos

Jesse Villalpando

Bien dicen que no hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla y al León le llegó la hora de terminar lo que dejó inconcluso el torneo anterior. El equipo esmeralda ya está en la fiesta grande, aunque de los “grandes” sólo América fue el único sobreviviente, así que no se le va a pedir menos de lo que se vio el semestre pasado, el título, bordar la octava estrella en el escudo, es responsabilidad y obligación de Nacho Ambriz y los suyos.

Atrás quedaron 19 jornadas, la liguilla es un torneo diferente donde los ocho invitados tienen las mismas chances de levantar el trofeo, sin embargo, La Fiera debe apelar a su experiencia, a la calidad que tiene en su nómina y a la lección que se aprendió al caer en casa frente a Tigres en la final pasada.

Es cierto, León llega tocado por las lesiones, sin Mosquera y sin Iván Rodríguez, pero calidad hay y de sobra para que esas bajas ni se noten, así que no hay excusas, dice Nacho que se equivocó al poner a Mosquera el pasado viernes en una cancha fatídica como lo es la del Caliente, pero una equivocación mayor sería no guiar a este conjunto hacia el campeonato, eso sí sería un error, un fracaso, porque si a este equipo ya se le pretende considerar entre la crema y nata del balompié mexicano, habrá entonces que exigirle y pedirle que juegue como lo que es, un serio candidato a quedarse con la copa, no importando quien este enfrente.

Monarcas es el rival, en el papel accesible, más si la eliminatoria cierra en casa y con los antecedentes previos, donde los esmeraldas han despachado dos veces a la monarquía en los cuarto de final y con abultados marcadores, pero está claro que no hay rival chico y si algo caracterizó a León en la campaña regular fue el sufrir ante rivales que se antojaban cómodos para liquidarlos.

A diferencia del torneo anterior, hoy quizás los reflectores no están sobre la “guarida”, no hubo una gran exposición como lo fue por arrastrar 12 victorias en fila, puede que sin esa pesada losa en la espalda veamos a un conjunto verdiblanco sin presión y en se estilo natural, una escuadra echada para adelante, que propone, que gusta del buen trato de la pelota y que pondera el equilibrio en todas sus líneas.

No cabe duda, la ilusión por llegar a la octava es grande, ahora es turno de que los verdes le metan compromiso y algo más, sabedores que un subliderato o cerrar una eliminatoria en casa no es garantía de nada, menos en un futbol mexicano que suele ser injusto y traicionero por su sistema de competencia y es que si habláramos de una temporada larga, desde hace varias semanas que León ya tendría el título en sus vitrinas.


Sus comentarios en @JesseVillalpand

Jesse Villalpando

Bien dicen que no hay fecha que no llegue, ni plazo que no se cumpla y al León le llegó la hora de terminar lo que dejó inconcluso el torneo anterior. El equipo esmeralda ya está en la fiesta grande, aunque de los “grandes” sólo América fue el único sobreviviente, así que no se le va a pedir menos de lo que se vio el semestre pasado, el título, bordar la octava estrella en el escudo, es responsabilidad y obligación de Nacho Ambriz y los suyos.

Atrás quedaron 19 jornadas, la liguilla es un torneo diferente donde los ocho invitados tienen las mismas chances de levantar el trofeo, sin embargo, La Fiera debe apelar a su experiencia, a la calidad que tiene en su nómina y a la lección que se aprendió al caer en casa frente a Tigres en la final pasada.

Es cierto, León llega tocado por las lesiones, sin Mosquera y sin Iván Rodríguez, pero calidad hay y de sobra para que esas bajas ni se noten, así que no hay excusas, dice Nacho que se equivocó al poner a Mosquera el pasado viernes en una cancha fatídica como lo es la del Caliente, pero una equivocación mayor sería no guiar a este conjunto hacia el campeonato, eso sí sería un error, un fracaso, porque si a este equipo ya se le pretende considerar entre la crema y nata del balompié mexicano, habrá entonces que exigirle y pedirle que juegue como lo que es, un serio candidato a quedarse con la copa, no importando quien este enfrente.

Monarcas es el rival, en el papel accesible, más si la eliminatoria cierra en casa y con los antecedentes previos, donde los esmeraldas han despachado dos veces a la monarquía en los cuarto de final y con abultados marcadores, pero está claro que no hay rival chico y si algo caracterizó a León en la campaña regular fue el sufrir ante rivales que se antojaban cómodos para liquidarlos.

A diferencia del torneo anterior, hoy quizás los reflectores no están sobre la “guarida”, no hubo una gran exposición como lo fue por arrastrar 12 victorias en fila, puede que sin esa pesada losa en la espalda veamos a un conjunto verdiblanco sin presión y en se estilo natural, una escuadra echada para adelante, que propone, que gusta del buen trato de la pelota y que pondera el equilibrio en todas sus líneas.

No cabe duda, la ilusión por llegar a la octava es grande, ahora es turno de que los verdes le metan compromiso y algo más, sabedores que un subliderato o cerrar una eliminatoria en casa no es garantía de nada, menos en un futbol mexicano que suele ser injusto y traicionero por su sistema de competencia y es que si habláramos de una temporada larga, desde hace varias semanas que León ya tendría el título en sus vitrinas.


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